Leonel Antonio Reyna conquistó los lauros de capo di tutti cappi del bajo mundo del hampa del narcotráfico, del terrorismo de Estado; con el récord de casi 80 mil o más ciudadanos víctimas del sicariato terrorista de Estado de la Policía Nacional

Se apandilló con el matón Rudolph Guilliani quien, como alcalde de Nueva York, aplicó allí la consigna de tierra arrasada. Y recibiendo la sagrada bendición de Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez, un prototipo y arquetipo de alias Cardenal católico en la época del esplendor de la inquisición

 

Pero no sólo acontece que el protocolo, y la naturaleza, de todos los atropellos, crímenes, abusos y desafueros contra el país, el pueblo y la sociedad dominicanos del actual desgobierno del boschismo del PLD ó PPB (esto es, del Pálido Pelegato Boschista) como su flamante corrupción, que campea por sus fueros con toda la impunidad, sean obras y hechuras de la concepción de Leonel Antonio Reyna; que, en buena lid, conquistara los lauros de capo di tutti cappi del bajo mundo del hampa del narcotráfico, del terrorismo de Estado; con el récord en su cuenta de casi 80 mil, o más, ciudadanos víctimas del sicariato terrorista de Estado de la Policía Nacional; en contubernio con Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez, un prototipo y arquetipo de alias Cardenal católico en la época del esplendor de la inquisición, como de la Ley Patriótica norteamericana, trasladada al país nuestro desde Nueva  York, conforme la receta del conocido matón Rudolph Guilliani quien, como alcalde de Nueva York, aplicó allí la consigna de tierra arrasada: que la policía newyorquina asesine primero y que se investigue después.

Más aún, Leonel Antonio Reyna lo llevó a cabo asumiendo su exclusiva y total responsabilidad en su funesta perorata-discurso del 31 de octubre del 1996, apenas a los 75 días de haber asumido el Poder del Estado, por primera vez, el 16 de agosto de ese mismo año.

Su perorata-discurso lo registra la historia como el de: No necesito haber visto el fantasma de Trujillo para llevar a cabo la matanza y carnicería humanas a las que acabo de dar inicio. Con la responsabilidad y el apoyo del Cardenal del diablo, Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez, me basta, me sobra y es más que suficiente.

 

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