Fines inconfesables se ocultan tras la decisión de Leonel Fernández de concentrar toda su actividad en perseguir al narcotráfico

Mientras, se retrata como un pelele servil de las órdenes que le imparte el criminal de guerra y genocida George W. Bush

 

Los empeños mostrados en forma apremiante por el señor Leonel Antonio Fernández Reyna en supeditar y concentrar toda la actividad en la persecución de las actividades del llamado narcotráfico, que cada vez alcanza la magnitud de fantasma inaprensible que se recrea a sí mismo o que sirve de pretexto para campañas persecutorias a contrincantes económico-sociales y políticos por parte de los que, como Leonel Antonio Fernández Reyna, andan en busca de fines inconfesables, pero que bajo las expectativas y aprehensión que encarna todo el carácter destructivo de las fuerzas del mal o del armagedón, todos los procedimientos, aún los más reñidos con la ley, la convivencia humana, el respeto de la Constitución y de los derechos humanos son permitidos, buenos y válidos, en una nueva reedición de la conocida máxima jesuita católica de que el fin justifica los medios, y los que no se avengan a tan monstruosa simplificación, alcanzada por vía del tan vapuleado reduccionismo de cosas complejas a cosas simples, que en este caso es llevado a su máxima expresión, quedan ubicados, en lo que formulara hace poco George W. Bush, de que lo que sucede es que tales gentes no entienden que el terror del Estado es el carácter de la hora actual y que sólo la guerra despiadada y genocida salva del terror.

Claro que George W. Bush, en su difícil situación, en la que ya hasta sus mismos correligionarios dudan de si alguna vez conociera el estado mental equilibrado al que corresponde la cordura, no llega siquiera a discernir que la guerra no es otra cosa que el terror como forma de acción predominante entre dos contrarios; pero que para su unilateral conveniencia y en su cuadrada cabeza, terroristas sólo son sus adversarios, o sea, los defensores, aún sean pacíficos, de sus respectivos países y riquezas, sobre los que él se lanza a saquear y a depredar, empleando todo tipo de armas de exterminación masiva.

Y con Leonel Antonio Fernández Reyna no cabe la menor duda de que está ocurriendo exactamente lo mismo y está colocado como apéndice, pelele y lacayo suyo, esto es, de Bush, pero en la misma pendiente que éste, que es por lo que ha proclamado que el despliegue de toda la capacidad represiva del Estado contra el narcotráfico es su tarea principal y más importante, bajo el alegato falso y coartada gangsteril extrapolada al terreno político de su parte, de que esa actividad comercial con las sustancias conocidas como estupefacientes, que está dentro del marco de las actividades prohibidas por las leyes, es la fuente de la inseguridad ciudadana a consecuencia de la violencia de la delincuencia que el narcotráfico genera.

Para Leonel Antonio Fernández Reyna nada cuenta ni mucho menos importa un carajo la creciente miseria ni la aplastante pobreza de la población trabajadora, que alcanza a más del 90% de los dominicanos; la falta de escuelas públicas, no privadas, en las que se imparta ciencia y cultura y no brujerías ni oscurantismo católico o protestante cristiano; así como el desamparo de esa misma población ante la necesidad de atención hospitalaria y la obtención de las medicinas para recuperar la salud no son realidades ni mucho menos asuntos urgentes e inaplazables a ser resueltos o enfrentados de a verdad y no con demagogia y engaños.

Se han cumplido dos años de haber asumido el gobierno y ¿qué han hecho con vista a resolver asuntos de la población, como de estos males que hemos mencionado, Leonel Antonio Fernández Reyna y su gobierno? La respuesta ya la hemos dicho. Es, simple y llanamente, que Leonel Antonio Fernández Reyna no ha hecho ni va a hacer nada, ¡absolutamente ni un carajo!

Cuando asumió el Poder el 16 de agosto del 2004, Leonel Antonio Fernández Reyna habló, o más exactamente para darle la correcta connotación, desparramó y evacuó, muchas expresiones demagógicas que ahora, al transcurrir dos años, resultan objetivas y comprobadas politiquerías baratas y vulgares. Habló de poner fin a la inseguridad ciudadana, pero no con un Estado de Sitio ni mediante la paz de los cementerios y la bota policíaco-militar, sino mencionando la necesidad de poner fin al tráfico de influencias, al clientelismo político; terminar con el enriquecimiento ilícito, con la falta de seriedad en todo -sobreentendiéndose que se refería al Poder en primer lugar-, sepultar la política del fraude, acabar con el terror del Poder del Estado… y luego agregó, en sus acostumbrados embarres de richeses, frases a favor de la prosperidad, de sentimientos de humanidad, de cuestiones democráticas, transparencia y democracia participativa, cosas que cuando las oímos de bocas como la de Leonel Antonio Fernández Reyna, ya de antemano sabemos que no son más que pendejadas o puras vacuencias.

Y ¿cuál es el resultado, el balance o el saldo, como a los gobiernistas les dé la gana?

Simplemente el balance es que la inseguridad ciudadana para el sujeto que nos desgobierna con la máxima displicencia y la más absoluta irresponsabilidad, sólo es la de los líos personales e individuales de carácter trágico entre las gentes, pero no la inseguridad masiva que empieza con acostarse con un calambre en el estómago a causa de esa necesidad no resuelta; no la inseguridad de no tener un trabajo, ni mucho menos existe, para gentes como Leonel Antonio Fernández Reyna y su extraterrestre entorno, la inseguridad de no encontrar el medicamento para la diarrea que deshidrata al niño o la gripe que amenaza con convertirse en bronconeumonía. ¡No ‘ombe, no!, esos no son los componentes de la inseguridad ciudadana, según estos sepulcros blanqueados como Leonel Antonio Fernández Reyna. A la que éstos se refieren es a la inseguridad que les ordenan George W. Bush y el vividor parásito Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez, como la de perseguir a los narcotraficantes y sólo preocuparse de estar bien con el amo y su gobernador, que es su procónsul Hans Hertell.

Ahora Leonel Antonio Fernández Reyna, lo que está reclamando es que los jueces -que son, con sus tribunales, los que integran la justicia, ya que el Ministerio Público es de hecho parte del Poder Ejecutivo y del policíaco-militar- dejen a un lado los códigos y leyes que estructuran el orden jurídico, para alinearse como genízaros y cruzados de la persecución al narcotráfico. Y para ello ya prosigue repitiendo la perorata de los matarifes y torturadores sicarios de la P.N. contra los jueces y la justicia de ser benévolos con los acusados de narcotráfico. Y de hecho Leonel Antonio Fernández Reyna, fuera de sí y colocado en el mismo trayecto de los comprobados imbéciles y sicópatas genocidas como George W. Bush y Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez, los insta, además de no importarles el orden jurídico ni institucional que emanan de las leyes, a que cierren filas con los desacatos policiales, so pretexto de que se trata de una cruzada de vida o muerte contra el narcotráfico.

Esta posición frenética y desenfrenada, Leonel Antonio Fernández Reyna la asume pretendiendo ocultar que durante su desafortunada gestión de estos últimos dos años sólo ha hecho exactamente lo que decía que había que ponerle fin cuanto antes. Se ha desenfrenado la corrupción desde el Poder, y de ese flagelo no escapa el Poder Ejecutivo y su entorno más íntimo.

Se ha incrementado el enriquecimiento ilícito de los funcionarios palidistas gubernamentales. ¡Y Leonel Antonio Fernández Reyna no se atreve a negarlo ni a mover una paja para impedirlo!

El tráfico de influencias campea por sus fueros en todas las instancias del Poder político sobre todo.

El irrespeto tiene su templo en el mismo Poder Ejecutivo. Y ahí están los proyectos de la Isla Artificial, del préstamo a la Policía y el Estado de Sitio. El soborno y el fraude, ¿acaso no tuvieron sus olimpíadas en mayo recién pasado?

Los ciudadanos resisten majestuosamente y llenos de cada vez más indignación el terrorismo que Leonel Antonio Fernández Reyna les impone con guardias y policías que por orden suya aplican el Estado de Sitio y que sólo los atropellan a ellos, pero en tanto a los delincuentes de verdad, a los grandes delincuentes de cuello y corbata refugiados en todas las instancias de Poder político, económico, militar, policial, judicial y eclesiástico, a esos, se les brinda total y absoluta impunidad.

Pero el cinismo de Leonel Antonio Fernández Reyna no tiene límites ni tampoco par o punto de comparación, pues respecto a libertad de prensa y de una prensa no censurada se hace el atontado, el loco o el más pendejo de la cuenta y habla de que se siente halagado por los excelentes resultados del Estado de Sitio, impuéstole a los ciudadanos común y corrientes, con toque de queda a partir de las 12 de la noche, pero con toda hipócrita perversidad, pues no otra cosa puede albergar en su conciencia quien sirve en forma tan genuflexa los intereses de los monopolios y del parasitismo católico, habla, igual que el cardenal Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez de que los crímenes han mermado y que los delitos se han reducido.

Pero, de dónde, cómo y hasta cuándo Leonel Antonio Fernández Reyna y el llamado Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez arriban a esa simplistas conclusión? Es que si algo viene a quedar en claro ahora es que, efectivamente, lo del auge de la delincuencia y el desenfreno de la violencia obedece a un plan y a un programa ejecutado y concebido por la Iglesia Católica, el gobierno, las FF.AA. y la P.N., en maridaje con la prensa amarilla, en una campaña sensacionalista encaminada a preparar las condiciones para someter la opinión de la ciudadanía. ¿Acaso no eran en su gran mayoría agentes policiales y militares los involucrados, ya sea actuando o protegiendo la delincuencia o matando gente?

Lo que hicieron Radhamés Gómez Pepín (Jack el Destripador) y Cuchito Alvarez Pina (Dugan), de dedicarse a publicar diariamente los asaltos callejeros de que supuestamente eran objeto sus empleados en esas dos madrigueras del periodismo venal y miserablemente mercenario, está ahí y habla por sí solo.

Así, de esa misma manera, ahora callan los asesinatos o muertes violentas por asuntos personales e individuales, que siempre ocurren y han ocurrido en la República Dominicana, sobre todo por el oscurantismo y el salvajismo con que infesta a la gente el catolicismo y el cristianismo en general; pero en medio del Estado de Sitio ocurren tantos hechos como antes de ser implementado, y la diferencia es sólo que ahora no se le quiere dar una cobertura sensacionalista, sino hacer que se crea que se llegó a la paz con el Estado de Sitio. Esto lo ven hasta los niños.

Pero así como le han venido fracasando sus aberradas soluciones trogloditas y oscurantistas de que todo era obra del satanismo, luego de no se sabe qué diablos, mano dura, ejecuciones sumarias con fusilamientos policiales y escuadrones de la P.N. dando pistoletazos en el pescuezo a ciudadanos luego de éstos ser apresados, tiros en las piernas para provocar invalidez, el Cardenal reclama la dictadura, y ya Leonel Antonio Fernández Reyna tiene impuesto el Estado de Sitio.

 

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