CARLOS PEÑA TEOLOGO DE LA SUPERCHERIA ESTAFADORA AL SERVICIO DE LOS OPRESORES Y EXPLOTADORES

Es un apologista de los brebajes y estafas como guiones y libretos del imperialismo yanqui del felón agente pagado Juan Bosch y sus partos infames de los corrup partidos perrodé y palido pelegato

25-07-2016

 

Toda teología es pura superchería, cuyos elementos son incomprobados e incomprobables, todos de carácter oscurantista y, por lo tanto, intrínsecamente contrapuestos, de manera indisoluble, en grado absoluto, a todo principio científico, como a toda ley científica y a toda práctica científica, por lo que teología, como apologética, son dos amasijos rampantes y garrafales de especulaciones anti-científicas y que resultan ejemplos y arquetipos de elucubraciones de la seudo-ciencia.

Ninguna persona con dos dedos de frente osa presentarse ante la sociedad como portador y vividor de tales seudo-ciencias, y ninguna persona mentalmente sana puede llegar a creer en los insólitos e incoherentes disparates de un tal dios, Jehová, Jesucristo, Buda o Alá, a menos que de por medio no opere un factor esquizoide. Y, en efecto, la religión, sus dogmas, ritos y liturgias, son elementos esquizofrénicos y de enajenación.

En materia de ideología social y de política, como de lucha contra la explotación del hombre por el hombre, cuando un espécimen esquizoide se dice teólogo y apologético y proclama, sin sonrojarse, que el leproso moral, por espía pagado por la CIAm y un agente a sueldo, pagado por los gobiernos norteamericanos a través del Departamento de Estado yanqui, es un pensador y un sabio a escala continental, es porque ese espécimen, además de desquiciado y figura esquizoide, es un descarado y un olímpico desvergonzado. Y es lo que exactamente encarna el boschista llamado Carlos Peña, que es un dirigente pálido pelegato boschista, que suscribe todas las más peregrinas, además de absurdas, teorías especulativas, como la de que lo que vemos es porque lo pensamos, que es una burda adhesión a la falacia del subjetivismo absoluto constituido en solipsismo; que afirma, sin poder demostrarlo, que nada existe fuera de nuestro cerebro y que lo que creemos que vemos es porque así lo pensamos en nuestro cerebro.

Ahora llega a reivindicar, dejando a un lado los enormes fardos de experiencias prácticas comprobadas y palpables, que la hazaña mayor de su canalla héroe es haber sido el creador de los dos vertederos de inmundicias, ladrones, asesinos, desalmados, rufianes, pillos, terroristas de Estado, estúpidos y buenos para nadan del perrodé y del pálido pelegato boschista, callando sus indudables aportes a favor del mantenimiento del balaguerismo en el Poder, que incluyen: propiciamiento de asesinatos políticos, persecuciones, encarcelamientos de opositores, como campañas de calumnias y mentiras contra los revolucionarios y todos los opositores al tirano alimaña, como el auspiciamiento de un Golpe de Estado del tirano alimaña Joaquín Balaguer, una vez derrotado electoralmente en 1978, junto al cavernario y palero trujillista Vincho Castillo, o el baño de sangre contra el pueblo antes que Antonio Guzmán, cabeza del Perrodé, asumiera el Poder.

Dice el siquitrillado, y de muy torpe inteligencia, Carlos Peña, que son sabias y profundas enseñanzas las de ese eminente pensador; que todo cuanto conjeturaba era obedeciendo a libretos y guiones que, de las distintas esferas de actividades humanas, tenía procesados la CIA y su antecesora la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos), que fue la que originalmente lo reclutó para consagrarse por el resto de su vida, y como legado a las generaciones de sus seguidores, como prototipo, arquetipo y figura epísteme del leproso moral, por espía del imperialismo en esas actividades, las más perversas conocidas por la humanidad, para la CIA y los gobiernos norteamericanos del imperialismo yanqui desde el 1940 en adelante.

Resulta que ese tal Carlos Peña es de los estafadores y rufianes pillos, que se dice teólogo evangélico cristiano; pero que, siendo dicha histeria esquizoide, la del cristianismo, que es una estafa, proveniente de una ensarta de mentiras y absurdos, que la consagran como la religión de los infames y hecha de infamias e ignominias; entre cuyas hazañas destaca su orfandad total de originalidad y autenticidad, resultante de la apropiación del fruto del pensamiento y la práctica del paganismo, al que perseguía y exterminaba, pero a la vez, le usurpaba para sí el fruto de la evidencia del paganismo.

Una de esas apropiaciones es el mito, leyenda, especulación, de que su dios, el invento Cristo, era a su vez hijo de dios, que murió en el madero como infame anatematizado, sin derecho a perdón, secula seculorum, para liberar al hombre del pecado, y que el tercer día resucitó, y después de andar vagando se aburrió, por haber perdido el cuerpo material, y subió al cielo para sentarse al lado de su padre y destituirlo para terminar él siendo el dios supremo. Todo lo cual es, simple y llanamente, con la muerte, resurrección al tercer día y ascenso a los cielos, como la máxima epicureísta de: el árbol se conoce por sus frutos, las plantas de los jardines por las flores, su esplendor y belleza, junto a su aroma.

Pero no le gusta la máxima de: Por los frutos los conoceréis. Y no juzga al leproso moral y su orfandad de principios éticos por lo que han resultado ser sus creaciones, que son antros de corrupción y depravación. Y ese Carlos Peña no se detiene ni ante el horrendo crimen de presentar al perrodé y al pálido pelegato boschista como dos hazañas, sin importarle su catadura común de amasijo de podredumbre.

Fue el heredero, y continuador Pálido Pelegato Boschista número uno del leproso moral, el capo di tutti cappi, Leonel Antonio Reyna, el que creó el Poder para narco terrorista en el país; destrozó las empresas propiedad del Estado Dominicano y del pueblo, privatizó la salud y se la entregó al cartel parasitario Iglesia Católica-Vaticano, como continúa haciéndose; en tanto la población trabajadora está totalmente desprotegida en materia de salud y hospitalaria; todo lo que los herederos y continuadores del gran sabio leproso moral han hecho, siguiendo el camino que el maestro traidor y felón les trazó y enseñó.

Fue una consagrada discípula del leproso moral, la actual incumbente de Salud, la que, del 1996 al 2000 saqueó esa Secretaría, y propició el apaleamiento más despiadado de los médicos y del Colegio Médico Dominicano (CMD). Para ese entonces se calcula que Tatica la Mocanita se robó más de 500 millones de pesos y cerca del millar de millones, que es un billón.

Digna, consagrada y ejemplar árbol, fruto engendrado por el sabio y grandioso leproso moral Juan Emilio Bosch Gaviño.

El cuento chino de los niños con microcefalia, atribuyéndole el mal a la zika, que es como se llama en muchas partes a los excrementos, pero que en realidad eso fue anunciado y previsto por organismos internacionales que para la década del 1990, y antes de eso, vaticinaron que en el Tercer Mundo habría abundancia de casos de insuficiente desarrollo cerebral de los fetos y nacidos, a consecuencia del hambre en cadena, de generación en generación.

Lo de presentar al zika como la causa de que se den estos casos, es un engaño y una estafa, pues la causa real del mal de la microcefalia es el hambre y la mala alimentación, de generación en generación, lo que está haciendo que nazcan niños con microcefalia; lo que se explica por la razón contrapuesta que expone Engels, por ejemplo en “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, en el que resalta que el descubrimiento del fuego y elaboración de los instrumentos de trabajo, como el arco, la flecha, la lanza, los cuchillos, etc., le permitió al homo ingerir, en condiciones óptimas, la carne de los animales, puesto que la procesaba con el fuego; y ello conllevó una modificación corpórea y craneana del homínido, pasando éste de mono a hombre, siendo el factor trabajo-instrumentos de trabajo, lo que viene a ser el eslabón que no se quiere ver y se dice perdido, para crear una salida agnóstica ante un problema perfectamente resuelto por Federico Engels.

Apenas el sábado 23 de julio, dos médicos pediatras nutricionistas, de más de 20 años de ejercicio práctico-profesional en hospitales públicos, dieron a conocer un contundente informe en que dan cuenta de la gravedad, con efectos catastróficos mortales, del hambre y la desnutrición de niños recién nacidos, y, por lo tanto, hambre y desnutrición de las madres-vientres que los albergaron.

A ninguna de esas dos profesionales se les puede sospechar de tener ideas anti-capitalistas, ni anti-imperialistas, o enemigas del régimen y del gobierno, como gustan hacer creer los nazi-fascistas trogloditas pálidos pelegatos boschistas, como Carlos Peña, o un depravado sicofante del capitalismo y del imperialismo como Ramón Núñez Ramírez.

Mientras la doctora Carolina Castellanos nos pone de relieve que la desnutrición en la población infantil que se ingresa en los hospitales es alarmante, por numerosa, y el nivel de la desnutrición, así como por los efectos devastadores en esos cuerpecitos, que hace la falta de comida; por su parte, la doctora Yin Zyong King, nutrióloga, ofreció un cuadro patético. Aseguró que “los pacientes críticos que con mayor frecuencia se desnutren son los que tienen enfermedades cardiovasculares, patologías renales, diabetes u otra patología. Un enfermo con desnutrición aumenta la morbi-mortalidad, es decir, su estado de desnutrición agrava la complicación y se puede generar más neumonía, más días con ventilación mecánica y aumenta el costo de la atención”.

Pero es la doctora Matilde Peguero, de la Dirección General de Epidemiología, quien pone de realce que el 80% de las muertes neonatales ocurren dentro de los siete primeros días de nacidos.

Y puso de relieve la prematuridad, ya que el cuerpo desnutrido y anémico de la madre, no soporta hasta el final el otro cuerpo que tiene que alimentar, cuando el de ella no está alimentado. Así, destaca el bajo peso al nacer.

Sin necesidad de mayores esfuerzos se ve, que la causa del deterioro de las criaturas que nacen, es fruto de desnutrición, de hambre, de falta de comida, y recordando que lo de la microcefalia hace más de 25 años fue advertido y previsto por organizaciones mundiales, lo que deja el expediente que tanto saborean los perversos y depravados pálidos pelegatos boschistas, sobre todo esa escoria Tatica la Mocanita, del zika, como una coartada para ocultar que el pálido pelegato boschista, tanto del capo di tutti cappi, como del Dañino Medina, el Gángster Murmullo, no han ni siquiera paliado o disminuido el hambre y la miseria, sino que las han incrementado, al igual que sus efectos catastróficos.

Si se quiere extraer una conclusión, partiendo precisamente de la vulgaridad grosera con que, en su gratuita, o sea, ignorancia por vocación y efecto de su acérrimo anti-comunismo, anti-marxista y anti-leninista del leproso moral, Juan Emilio Bosch Gaviño, respecto a la teoría burguesa del clérigo Malthus, cabe decirse que la torpeza del leproso moral, espía y mercenario respecto a Malthus, hizo verdaderos maltusianos de vanguardia a los goliardos seguidores de la peste del boschismo.

Según el esquizoide religioso pelegato boschista Carlos Peña, en un arrebato genial de sabiduría, al estilo del leproso moral, el agente mercenario del imperialismo yanqui, Juan Emilio Bosch Gaviño, refutó la teoría de Malthus con el simplismo de que, si un ser, al nacer, tiene una boca, no se debe olvidar que viene al mundo con dos manos.

Con esa truculenta vulgaridad soez, lo que el truhán y leproso moral de Juan Emilio Bosch Gaviño rehuía era tener que recurrir a la crítica que, respecto al malthusianismo, habían elaborado tanto Carlos Marx como Federico Engels; y  así, el leproso moral, lo que hacía no era otra cosa que decir que Malthus se equivocaba porque, mientras más gente hay y mayor es la superpoblación relativa, mayor es el ejército de reserva, que le permite al capitalismo hacer mayores negocios y obtener mayores beneficios; lo que, en buen lenguaje y una correcta interpretación viene a significar, que el leproso moral se destacaba, no como un crítico al sistema burgués de explotación y de propietarios de los medios de producción, sino como un apologista a ultranza de la explotación del trabajador por el burgués.

¡Vaya genialidad del gran sabio leproso moral! Que basaba todo lo que decía, no en el estudio sino en los guiones y libretos de la OSS y la CIA, que le sucedió; porque si algo demuestran esas palabras del leproso moral Juan Emilio Bosch Gaviño respecto a Malthus y su teoría, es que el leproso moral carecía de criterios teóricos para refutar al precursor del darwinismo social, que es precisamente Thomas Robert Malthus.

En vez de estar hablando de lo que no ha estudiado ni entiende, ni tampoco está apto para asimilar, de la explicación y solución del problema, Carlos Peña debería dejar a un lado su condición de estafador evangélico cristiano, que lo arrastra a hacer coro, al lado de los sectores y estamentos más recalcitrantes, a favor de la prohibición hasta del aborto terapéutico; como han propiciado los herederos y continuadores del leproso moral, en la Cámara de Diputados, presentando como único alegato, pírrico y rastrero, de que su acción no es inconstitucional, sino que está amparada en la Constitución, en una interpretación bonapartista fascistoide de la Constitución.

 

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