El fondo de la falsedad de que el inexistente diablo apareció en San Pedro de Macorís

Conflictos de la Iglesia Católica entre el Cardenal Hildebrando Borgia López Rodríguez y su arzobispo Osoria y los Monjes Capuchinos por la venta de los terrenos de Almacenes Iberia y la acusación de pedófilos a varios curas de esa ciudad

 

San Pedro de Macorís es la cabeza y la entrada del país al corazón de la región Sureste de la Nación. Simboliza el Oriente, por donde nace el rey de la vida en la tierra, que es el sol, que ha sido sublimado y adorado en todas las mitologías religiosas sin excepción.

Se ha difundido la falsedad de que el inexistente diablo apareció en San Pedro de Macorís, pero de haber sido cierta esa fantasiosa y descabellada historia, esa Provincia pasaría a ser San Pedro del Diablo y no de Macorís.

La verdad es que no por casualidad se ha puesto a los llamados Almacenes Iberia como el escenario de la chercha supersticiosa y ridícula, de corte cristiano, pero que tanto daño hace y que tanto estimula el estado deplorable de atraso espiritual y de creencias primitivas, salvajes, imperantes por aquí.

En el fondo de todo existe el conflicto de que los de la Iglesia Católica, encabezados por el cardenal Hildebrando Borgia López Rodríguez y su arzobispo Ozoria, no quieren reconocerle la compra hecha por los dueños de Almacenes Iberia a la Congregación de los Monjes Capuchinos a nombre de quienes estaban los terrenos que ocupa el Colegio San Pedro Apóstol, hasta que se los traspasaron en venta a las gentes de Iberia mediante una libre y voluntaria transacción comercial.

Que el diablo se le apareció a una cajera del Supermercado Iberia. Que esta infeliz mujer del susto se murió. ¡Qué casualidad!

Pero la verdad es que no hay ni ha habido nunca tal diablo, que siempre ha sido un gran negocio para la Iglesia y el cristianismo, desde que Pablo de Tarso, como buen romano, se lo inventó, y ahora reaparece para conveniencia del obispo Ozoria, del cardenal Hildebrando Borgia López Rodríguez y sus ambiciones terrenales, que les llevan a hacerle trampa y a engañar a todo el vivo que se les pone por delante.

Lo de la mujer que se murió fue mentira. Se trató de una cajera que, estando preñada, le llegó la hora del parto y tuvo que ser llevada a parir al hospital.

Y la otra versión que existe es que varios curas, acusados por mozalbetes de pedófilos, empezaron la campaña de que el diablo anda suelto para escurrir el bulto, como el caso que se da a cada rato donde el ladrón que es descubierto y huye, corre y grita: “¡Un ladrón, un ladrón!”, para aprovechar la confusión y ponerse fuera del alcance de los que ha victimado con su acción delictiva.

 

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